Respeto al premio de la combatividad

Posted on noviembre 10, 2012

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El ciclista profesional es un luchador por naturaleza. La fuerza, la valentía, el coraje son cualidades que distinguen a los grandes corredores de los demás. El trofeo de la combatividad premia todo esto y, sin embargo, está cada vez más denostado por las grandes vueltas.

En el mundo del ciclismo en el que vivimos, un ciclismo medido al milímetro, a la centésima, en el que vueltas de tres semanas se pueden dilucidar por menos de un minuto o incluso por bonificaciones; un ciclismo dónde los equipos se pasan la noche anterior a una etapa importante discutiendo qué plato y qué piñón van a montar al día siguiente, puesto que en un diente puede estar la diferencia. En este mundo de pinganillos, geles de asimilación rápida, bebidas isotónicas y pulsómetros tenemos un galardón que todavía se basa en la subjetividad, hoy os queremos hablar del premio de la combatividad.

La primera vez que oímos hablar del premio de la combatividad en una gran vuelta, fue en el Tour de 1956 y desde entonces, además del primer galardonado André Darrigade, lo han ganado  corredores como Hinault, Merckx o Virenque y más recientemente Pereiro o Chavanel.

Todos estaremos de acuerdo en que es un premio muy interesante, pero es un galardón menor. Está claro que, en el Tour, el ciclista que sube al podio de París y que menos importancia se le da, es el ganador del premio de la combatividad.

Pero también creemos que es un problema de la organización. Desde que se eliminó el sistema de puntos ha pasado a ser un premio sin una clasificación, por lo tanto los ciclistas no tienen en su mano, o en sus piernas, ganar el trofeo. Está claro que si atacas, que si buscas las fugas, que si ganas etapas estarás más cerca de conseguirlo, pero no será tuyo si un grupo de ocho personas, que componen el jurado, no lo entienden así. Puedes hacer méritos, puedes atacar, pero no puedes sacarle tiempo, o puntos a tus rivales.

Como ejemplo, muy cercano en el tiempo, hablaremos del último “supercombativo” del Tour de Francia, el ciclista danés de Saxobank Chris Anker Sørensen. Este corredor, al que todos conocemos por sus muecas de sufrimiento encima de la bicicleta, sí luchó en la pasada edición del Tour, metiéndose en varias fugas y dejándose ver en carrera, pero quizás no fue el más protagonista en este aspecto. Sin embargo, en la decimoséptima etapa, cuando rodaba en fuga, un periódico se le quedó enganchado en la rueda de su bicicleta, e intentándolo quitar sufrió varios cortes en los dedos con los radios de su rueda. Pues bien, no solamente acabó la etapa sino que, tras operarse esa misma tarde, decidió tomar la salida al día siguiente y terminó cruzando la línea de meta en París.

En la entrega del premio el director del Tour, Christian Prudhomme, alabó al ciclista danés y calificó su actuación como “una demostración de coraje extraordinaria” y afirmó con respecto al premio de la combatividad que “no es solo escaparse, sino también dar ejemplos de coraje”. Ocurre que Sørensen, sí se ha metido en fugas y ha peleado, pero, por las palabras de Prudhomme, parece que el elemento diferenciador fue esa fuerza y ese coraje que mostró. Por este motivo los otros corredores tenían casi imposible ganar el premio, el jurado ya había tomado una decisión. No fue el que más ataques efectuó, ni el que más tiempo estuvo en fuga, pero sí el ganador final.

Este caso nos ha recordado ligeramente a lo que le ocurrió a Amets Txurruka en 2009. El pequeño corredor vasco participó en numerosas escapdas. Un día tras otro buscaba la fuga y corrió casi más tiempo escapado que en el pelotón. Era el principal candidato al premio de la combatividad, pero en una caída en la última semana se dañó la cadera. En la etapa con final en el Ventoux, a dos del final, junto a un Rubén Pérez con tendinitis, consiguió cruzar la línea de meta en lo que fue un ejemplo de coraje de los que día a día nos demuestran los ciclistas. Sin embargo, el fuera de control les envió a casa, y Amets no pudo revalidar el premio que ya había conseguido en 2007. Como todos los premios de las grandes vueltas, acabar la última etapa es condición sine qua non para ganar la “clasificación final”.

La Vuelta a España, quizás la mejor vuelta por etapas de la actualidad, ha dado, sin embargo, dos pasos hacia atrás en cuanto a este trofeo se refiere. Buscando la interactividad de la audiencia la organización, Unipublic, y Televisión Española (TVE) ponían en manos del público este galardón. Lo que al principio podría parecer una idea interesante, se ha visto que ha sido un esperpento.
Para empezar la votación se realizaba antes de que acabara la etapa, pero mucho antes. En numerosas ocasiones los ataques, o el sufrimiento de un corredor combativo se dieron en los últimos kilómetros y no se podían premiar. Además TVE elegía a su antojo tres corredores, y tan solo esos tres podrían ser elegidos. Muchas veces se dieron casos dantescos de que se votaba al corredor por ser español, o que el primero en quedarse en una fuga fuera el que recogía el galardón al final de la etapa.

El trofeo de la combatividad es un premio menor, como dijimos antes, pero no en vano es publicidad para el equipo que lo gane, es dinero para el corredor, y es patrocinio para los sponsors. Quiero decir, que es importante. Y no se puede dejar en manos de la audiencia, porque no es ella la que tiene que tomar esas decisiones.

Una pregunta que nos hacemos todos es ¿qué hay que hacer para ganar este premio? A veces es un premio de consolación, como le ocurrió a Jérémy Roy en 2011 cuando se le escaparon dos etapas en las que ya se veía ganador. Ganar un mallot no te elimina de la lucha, Pellizotti ganó el premio y la clasificación de la montaña en 2009. Chavanel y Pereiro ganaron etapas en fuga y también se les premió con el trofeo. No hay nada escrito. Y eso no es bueno.

Así pues, desde Dorsal 51, hemos de decir que es un galardón que nos gusta y que creemos que debería ser más importante. Quizás una clasificación, un mallot, o simplemente unas directrices para los ciclistas darían más relevancia a un premio que, en nuestra opinión, se la merece.

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Posted in: 7-Editorial