Así nace un mito. L’Angliru 1999

Posted on noviembre 14, 2012

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José María “Chava” Jiménez en plena ascensión (Foto: vavel.com).

Enrique Delgado Sanz@Delsanz

Día 12 de septiembre de 1999. La Vuelta a España estaba lanzada después de una semana de competición. El soberbio sprinter Marcel Wust había dominado con mano de hierro las llegadas al sprint en las primeras jornadas y el otrora vencedor final en Madrid, Alex Zülle, parecía desfondado tras su podio en Paris. La nómina de favoritos estaba más o menos definida. Olano, vigente campeón, Igor González de Galdeano, escaladores como Tonkov, Heras o Jiménez también entraban en las quinielas pero muchos esperaban resolver la incógnita que representaba Ullrich, un joven alemán que ya había ganado un Tour de Francia hacía un par de años y que en esa temporada participaba en la ronda española después de un largo periodo de inactividad que le había privado de correr la “Grand Boucle”.

Entre todo esto y con la carrera aún por seleccionar, los corrillos de periodistas y aficionados se frotaban las manos en las horas previas a una gran jornada de montaña mientras las piernas de la mayoría de los participantes temblaban y suspiraban expectantes al ver el libro de ruta desde el hotel, que para la octava etapa les tenía reservados 176 kilómetros, dos puertos de gran entidad -la Cobertoria y el Cordal- y un final de etapa en el que el que los desniveles superiores al 12% eran lo habitual y en el que las rampas del 23% ponían la nota de color.

El marco 

La lluvia y la niebla, además de aportar un cariz épico y siempre espectacular, tampoco quisieron perderse una de las jornadas estrellas de aquella Vuelta a España. La etapa reina apareció temprano y discurría entre León y una inédita cima que aun no era consciente de que se convertiría en leyenda y en un coloso del calendario ciclista mundial tras aquel 12 de septiembre.

Muchos corredores temían este final y desde antes del protocolario corte de cinta ya esperaban ansiosos el masaje posterior a la etapa en el hotel. La tensión y el respeto estaban muy presentes en aquel pelotón en el que unos cuantos valientes -o kamikazes, según se mire- tenían marcada en rojo esta durísima etapa en su calendario particular.

Jornada propicia para escaladores y tormentosa para los especialistas contra el crono, un menudo ciclista oscense pretendía acercarse al líder, Abraham Olano, después de haber firmado un superlativo Tour de Francia, donde finalizó tercero por detrás de un jovencito americano con apellido de astronauta y trompetista y del propio Zülle, que había venido a la Vuelta a pescar alguna etapa. Su nombre era Fernando Escartín. Las intenciones prometían espectáculo, pero el líder del Kelme se vio sorprendido en el descenso de La Cobertoria por la lluvia, el mal estado de la carretera y el frío, que se aliaron para brindar al espectador un firme resbaladizo; el mismo contra el que dieron los huesos del aragonés. Sus opciones de victoria en aquella Vuelta se habían esfumado.

La carrera rodó muy fragmentada desde su ecuador bajo las inclemencias meteorológicas habituales del norte español. Los kilómetros desfilaban sin pausa y el anhelado masaje ya estaba más cerca cuando el grupo de los favoritos, encabezado por una guarnición de Banestos, de la que tiraba Aitor Osa, coronó El Cordal. Sólo 20 kilómetros y un desconocido gigante asturiano les separaban de una línea de meta donde la niebla se había convertido en “dueña y señora“ del escenario. Miles de aficionados conectaban con TVE desde sus hogares tras apurar el último sorbo de café para dar por finalizada la sobremesa.

Peligroso descenso

El malogrado Pedro González narraba el vertiginoso descenso del Cordal encabezado por el belga del Lotto, Kurt van de Wouwer, y algo menos peligroso que el de la Cobertoria. Rubiera (Kelme) había pasado dificultades en la ascensión y Escartín no estaba después de su abandono, por lo que Heras pasaba a ser el jefe de filas del Kelme. Tampoco estaba Igor Glez. de Galdeano (ONCE), a la postre segundo clasificado de la general, al que la montaña siempre se le ha atragantado. Sin embargo hombres como Ulrrich, Olano, Jiménez, Rebellin, Piepoli, Tonkov o Zarrabeitia asomaban la cabeza en las primeras posiciones del grupo de favoritos.

Quizá el afán por lograr la mejor posición posible en la bajada obligó al líder a tomar más riesgos de los recomendables, lo que le llevó -entre interferencias de la retransmisión- a caer junto con Van de Wouwer, Piepoli y Osa. Olano se rehízo del percance sin aparentes consecuencias; lo que no sabía es que una de sus costillas se había fracturado. Mientras tanto, y totalmente ajeno a esta lucha, Ivanov (Liquigas) se mantenía por delante buscando la machada en solitario tras haber conseguido soltar de rueda a sus compañeros de fuga. La ventaja del moldavo llego hasta algo menos de los dos minutos a pie de puerto.

Entre las numerosas caídas y la dureza propia de la etapa, la selección de favoritos se gestó de forma inmediata. Tonkov, Ullrich, José María “Chava” Jiménez y Roberto Heras, bien secundado por su lugarteniente Chechu Rubiera, comenzaron la ascensión al Angliru con algo de ventaja sobre el grupo del líder. Llegaban intactos al momento clave. Por detrás, Mikel Zarrabeitia intentaba hacer llegar a Olano hasta el grupo de los mejores llevándose a Aebersold, Rebellin y Nardello con ellos mientras Ángel Casero, que lucía el maillot de campeón de España, se mantenía intercalado en tierra de nadie.

Ullrich y Olano protagonizaron un bonito duelo en la etapa.

Ullrich y Olano protagonizaron un bonito duelo en la etapa.

La película estaba resultando sobresaliente para los aficionados al buen ciclismo. Olano y Ullrich copaban los papeles principales de la trama. Olano era el bueno y Ullrich el malo. Ambos se retaban mostrando sus espadas en todo lo alto en pos de la victoria y gloria final en Madrid. No cabe duda de que el de Guipúzcoa era el favorito para una afición que buscaba un ídolo que ocupase el trono que dejó Indurain.

La nómina de actores la completaban Ivanov, que marchaba escapado por delante como un figurante de lujo, y los elementos meteorológicos. La lluvia y la niebla aportaban un marco épico incomparable. Sin embargo a la historia le faltaba algo, una trama secundaria solvente. El ataque del escalador ruso de Mapei, Pavel Tonkov, a más de 10 kilómetros para línea de meta resolvió dicha incógnita.

Tonkov se marchaba imparable en busca de la etapa reina de la Vuelta mientras el magullado maillot oro, después de desfondar a Zarrabeitia en labores de gregario, subía enrabietado con la mirada puesta en el grupo donde rodaba su gran rival, Jan Ullrich, y al que llegó -arrastrando tras de sí a Rebellin y Casero- a falta de algo más de 6 kilómetros cuando lo más duro de la ascensión aun estaba por llegar.

Pavel Tonkov estuvo a punto de ser el primer ganador en esta mítica cima.

Pavel Tonkov estuvo a punto de ser el primer ganador en esta mítica cima.

Con los favoritos agrupados, Rubiera, que había tirado del grupo durante toda la ascensión, se apartó y llegó el turno de Roberto Heras, que atacó llevándose a rueda al Chava. La segunda trama ya estaba completada. Heras y el Chava se elevaban como héroes nacionales en busca de Tonkov. Por detrás Ullrich intentaba seguir el impulso de los castellanos haciendo sufrir más de la cuenta a Olano, con una costilla rota y que se retorcía agónicamente sobre su bicicleta a la vez que el público le mostraba su cariño al grito de: “¡Vamos Olano!” cuando la carrera atravesaba rampas del 21% de desnivel.

Dos carreras en una; por delante Tonkov, Heras y Jiménez se jugarían la victoria de etapa a cara de perro mientras que; Olano y Ullrich, primero y segundo de la general y especialistas contrarreloj, lucharían a zapatazos contra el pedal, entre ellos y contra la gravedad, en el escenario más adverso para sus intereses: la alta montaña. Curiosa situación después de que Ullrich prácticamente se auto descartase de la victoria final en la salida en Murcia. La incógnita de los primeros párrafos también quedaba resuelta. Ullrich quería ganar esta Vuelta y la ganó aliado con la costilla rota de Olano, que le obligaría a abandonar seis días después.

Heras y el Chava no conseguían reducir la ventaja del ruso de Mapei, cuyo ritmo parecía inalcanzable para cualquiera de los corredores del pelotón salvo para uno, Manuel “Triki” Beltrán. El menudo corredor de Banesto, al que nadie esperaba y que había comenzado la ascensión muy lejos del grupo de los mejores, sostenía un ritmo infernal -probablemente protagonizó la ascensión más rápida de todos los participantes- que le llevó a sobrepasar a Ullrich y Olano como una flecha. Ante la pasividad del alemán y en un arranque de casta, Olano aprovechó la rueda del “Triki” para dejar en la estacada al alemán, atrancado y sorprendido, que no pudo seguir el ritmo de los dos españoles cuando faltaban algo más de 3 kilómetros para la meta. El campeón ponía las cosas en su sitio a toque de corneta con la Cueña les Cabres esperando impaciente como siguiente obstáculo.

Roberto Heras y el "Chava", los dos españoles más fuertes en la ascensión.

Roberto Heras y el “Chava”, los dos españoles más fuertes en la ascensión.

Desnivel monstruoso, del 23% concretamente. Los desarrollos sufrían y Tonkov también, Heras y el Chava más de lo mismo, Beltrán desfondaba a Olano que proseguía con su ascensión con un estilo más diesel, mientras el de Telecom se desangraba más atrás y seguramente “jurando en arameo”. El sufrimiento era general por lo que era el mejor momento para atacar, o eso debió pensar el Chava, que inmerso en el pasillo multicolor de público que daba color al paso por la Cueña les Cabres, demarró y se escapo sin mayor oposición de Roberto Heras. El bejarano no pudo seguir al del Barraco que tenía que recortarle un minuto a Tonkov en menos de dos kilómetros si quería ser el primer ganador en una cota que ya se había convertido en mito.

A partir de aquí monográfico del de Banesto que, con sus características gafas blancas en la cabeza, presumía de cadencia ágil y gesto de entereza mientras superaba a motos y coches que se quedaban sin embrague ante la dureza de las rampas del Angliru. No sólo los ciclistas sufrían. Un kilómetro a meta y el “Chava” seguía recuperándole distancia a Tonkov, que ya se sentía ganador de etapa cuando el desnivel le concedió una tregua. Por detrás Heras, seguido de Olano, que formaba dupla con el “Triki” y perseguidos por Piepoli, otro Banesto, que ya había superado a un Ullrich totalmente desfondado.

Toda España empujaba al “Chava” que se había erigido el héroe en solitario de la ascensión que debía derrotar al enemigo, en este caso ruso y apellidado Tonkov. Cuando los comentaristas ya habían perdido la fe y le otorgaban la victoria al antihéroe de esta trama, el del Barraco consiguió llegar a su rueda con menos de 500 metros a meta y un estrecho y complicado final por delante. La niebla superó a la realización y añadió una dosis extra de tensión a la película, soberbia hasta el momento pero que guardaba lo mejor para el final. El Angliru esperaba a su primer ganador entre la espesa niebla y con un brazo en alto, emergió ante las cámaras de meta el “Chava” por delante de Tonkov para el delirio general.

1- “Chava” Jiménez (BAN) 4.52.04
2- Pavel Tonkov (MAP) m.t.
3– Roberto Heras (KELME) a 1.01
4- Manuel Beltrán (BAN) a 1.13
5- Abraham Olano (ONCE) a 1.44
6- Leonardo Piepoli (BAN) a 2.03
7- Jan Ullrich (TEL) a 2.45
8- José Luis Rubiera (KELME) m.t.
9- Davide Rebellin (PLT) a 3.00
10- Igor Glez. Galdeano (VIT) a 3.09

 

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