El día que Jalabert decidió ser más que un sprinter. Los Lagos 1994

Posted on noviembre 25, 2012

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Gabriel Álvarez García – @gavialv91

Escondidos entre las montañas, en un paraje entre fantástico y tenebroso, en la parte asturiana de los Picos de Europa, se encuentran Los Lagos de Covadonga. El Enol y el Ercina descansan durante todo el año y a veces, en el deshielo, son visitados por el Bricial. Paisajes que apenas ha tocado el hombre, y que permiten ver a la naturaleza en su estado puro.

Bajo este halo de magia, la Vuelta a España de 1994 vivió una de esas etapas que hacen grande a este deporte. Un esprínter puro, que ya llevaba cinco victorias en esa edición de la vuelta, sorprendía a todos haciéndose con la victoria en lo alto de la cima asturiana. Laurent Jalabert demostraba a todos, incluido a él mismo, que era mucho más de lo que parecía a simple vista y que, a partir de ese día, iba a ser un hombre a tener en cuenta en todos los terrenos y aspirante a todas las pruebas.

La Vuelta había descubierto aquel recóndito puerto en 1983, coincidiendo con la primera vez que la prueba se retrasmitía en directo por televisión. No sabemos si fue por esta razón, o por cualquier otra, esta subida cuajó inmediatamente entre los aficionados y también entre los ciclistas. Bernard Hinault, ganador de la edición de 1983 y segundo clasificado de esa primera ascensión (tras Marino Lejarreta), afirmó a su llegada a la meta que aquel desconocido puerto, le había resultado más duro incluso que el histórico Alpe D´huez. Aquellas palabras del campeón francés hicieron elevar la categoría del puerto a límites insospechados y a los periodistas a rebautizar el lugar como “Los Lagos de Hinault”, aprovechando el nombre de uno de los lagos, el Enol.

Aquel coloso, que tan solo se había perdido dos ediciones desde entonces, esperaba impaciente la llegada del pelotón, en aquel primaveral 10 de mayo de 1994. La vuelta estaba dominada cómodamente por Tony Rominger, vencedor de las dos ediciones anteriores, y que contaba con casi cinco minutos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, el corredor de Banesto, Mikel Zurrabeitia. Pedro Delgado (Banesto), en su última participación como ciclista profesional en una grande, marchaba cuarto peleando con Alex Zulle (ONCE) por el tercer cajón del podio.

El corredor suizo de Mapei, Tony Rominger, tenía la vuelta completamente controlada. Había vestido el mallot de líder desde la primera etapa y había conseguido ya cinco victorias parciales, dos en contrarreloj y tres en etapas de montaña. A la llegada a Santander, en el día anterior, afirmó que iba a ser él, el ganador el Los Lagos, y de ese modo iba a desempatar con el esprínter de la ONCE, Laurent Jalabert; también con cinco triunfos; en cuanto a victorias de etapa se refiere. Efectivamente el empate se rompería, pero de una manera  que ni Rominger, ni el público, ni siquiera el propio Jalabert, se esperaba.

Esta 16ª etapa, sería la más corta de aquella Vuelta a España, 147 kilómetros con un terreno rompepiernas y el alto de la Robellada de 3ª categoría, como único obstáculo antes de llegar a la cima de Los Lagos, en el que sería el 5º final en alto de la Vuelta 1994.

La etapa estaba siendo muy rápida. Un grupo de doce corredores había conseguido, gracias a un gran entendimiento, una máxima de trece minutos. Rodaban como si de una contrarreloj por equipos se tratase, sabedores de que la compenetración era la única manera que tenían de llegar con alguna opción a pie de puerto.

En el Alto de la Robellada, la distancia era de ocho minutos y quince segundos. Quedaba el descenso y un pequeño llano antes de que la basílica anunciara el comienzo de aquel puerto que haría temblar las piernas de todos los fugados. Si el entendimiento seguía siendo el mismo, y no se rompía aquella ayuda constante, el tiempo era más que suficiente para optar a la victoria.

Lejos de decaer, el compañerismo fue a más. En el llano, los equipos se organizaron y algunos corredores se sacrificaron en pos de sus compañeros, demostrando una vez más que el ciclismo es un deporte de equipo.

Ramón García España, que se había quedado en la subida a la Robellada, hacía contacto con el grupo e inmediatamente se ponía a tirar, para los intereses de su compañero en el equipo Artiach, el noruego Johnny Weltz. Asiat Saitov, el ruso de Kelme, también se desfondaba en cabeza puesto que su compañero Néstor Mora podía ser un candidato claro a la victoria. El único equipo con tres integrantes, el Lotus, sacrificaba a Jean-Claude Bagot y dejaba como primeras espadas a Arunas Cepele y Roberto Torres.

Mientras tanto otros corredores que se defendían en la montaña como Juan Tomás Martínez (Euskadi) o Carlos Galarreta (Casteblanch) empezaban a reservarse dando relevos cada vez más cortos. El líder de la clasificación de la regularidad y vencedor de cinco etapas hasta ese momento,  Laurent Jalabert, racaneaba en los esfuerzos y se agazapaba en la cola del pequeño grupo. En el pelotón, los hombres de Banesto marcaban un ritmo suave que apenas disminuía la diferencia de unos escapados que ya sabían que se iban a jugar la victoria.

En el grupo cabecero ningún hombre molestaba a los de la general, siendo Fabio Roscioli (Brescialat-Refin) el mejor colocado a más de 54 minutos. Pensando en la clasificación de la Vuelta, tan solo Alex Zulle había conseguido meter a algún ciclista de su equipo, en este caso Jalabert, para que le pudiera servir de hombre puente.

Ya se habían dejado atrás 130 kilómetros de paisaje puramente norteño. Un tiempo primaveral, en la última edición celebrada en esta estación de la Vuelta ciclista a España, soleado pero no caluroso, fresco pero no lluvioso había acompañado a los ciclistas durante toda la etapa. Las vacas pastaban en los verdes prados asturianos mientras los característicos hórreos cuadrados habían visto pasar a un corredor que, aquel día, iba a hacer historia.

La basílica de Covadonga anunciaba el comienzo del puerto para los escapados, una espesa niebla se apoderaba de la montaña y el malogrado Pedro González anunciaba que iba a ser imposible retrasmitir la totalidad de la ascensión debido a las condiciones meteorológicas.

Pasada la última meta volante los corredores giran a la izquierda. Comienza en aquel momento la décima ascensión a Los Lagos de Covadonga en la historia de la Vuelta ciclista a España. Un puerto de catorce kilómetros con 962 metros de desnivel y un 6,87% de pendiente media. Unas rampas durísimas en las que destacan el Mirador de la Reina 14% y la rampa de la Huesera, 800 metros al 13% de media con zonas que llegan al 15 %.

Los corredores que más opciones tienen de alzarse con la victoria de etapa pasan a la cabeza del grupo, los ataques están a punto de comenzar cuando a Juan Tomás Martínez (Euskadi) se le salta la cadena y parece quedar totalmente descartado para la victoria  final, uno menos.

Carlos Galarreta marca un ritmo fuerte desde el comienzo del puerto. Tan solo Roberto Torres parece poder seguirle, mientras que Néstor Mora y Arunas Cepele se reservan llevando un ritmo más suave. Pero solo era una ilusión, Roberto Torres recapacita y decide bajar el ritmo y es Laurent Jalabert, el esprínter con cinco victorias en su haber, el único que sigue al ciclista cántabro en esta ascensión de un puerto de categoría especial. Jalabert parece ir cómodo a rueda. A la salida de una curva Galarreta aumenta ligeramente el ritmo, y el, hasta entonces, esprínter francés, tira su gorra a la cuneta y se engancha a la rueda de su rival.

Torres conecta con los dos hombres cabeza de carrera e inmediatamente lanza su ataque. Pasados escasos 50 metros vuelve a ser  Galarreta el que lo intenta, llevándose una vez más a Jalabert a su rueda y dejando atrás nuevamente a Torres. Por detrás Juan Tomás Martínez marcha encendido tras el salto de su cadena y va superando compañeros de fuga. Arunas Cepele con un ritmo más constante parece que va a alcanzar a la cabeza de carrera que, a falta de nueve kilómetros, se da un respiro.

Por detrás los hombres del Recer-Boavista han aumentado el ritmo del pelotón, que ha reducido la ventaja a cinco minutos 30 segundos a pie de puerto, parece que su escalador Joaquim Gomes, tiene buenas piernas, pero ya es demasiado tarde, la victoria está delante.

En el terceto de cabeza, Galarreta y Torres se reparten los relevos, mientras un sorprendente Jalabert aguanta, en apariencia, cómodamente. Cuando llegan a la pancarta de diez kilómetros el compañero de Torres en Lotus, Arunas Cepele, hace contacto, e inmediatamente lanza un ataque. Jalabert responde con mucha facilidad y se lleva tras de sí a Torres. Galarreta que ha ido a su ritmo toda la subida no fuerza y aguanta a unos metros.

La situación de carrera puede ser perfecta para Jalabert, con dos hombres del mismo equipo él tiene la posibilidad de racanear un poco en los relevos y reservar fuerzas. Pero entonces lo increíble ocurre, Jalabert lanza un ataque en la subida a Lagos y se coloca durante unos metros como cabeza de carrera. Torres llega fácilmente y a Cepele le cuesta más, pero finalmente también contacta. El esprínter ha avisado de que no está en esa posición de mera comparsa, y aún más cuando pasados unos metros vuelve a lanzar otro ataque, esta vez todavía con más fuerza, que sí consigue descolgar a sus dos rivales. El público no sé lo cree, el mejor esprínter de esa edición en cabeza en uno de los puertos míticos de la Vuelta a España.

Por detrás, el grupo de los favoritos se mueve a ritmo del gregario de Mapei Federico Echave, que tras neutralizar a Joaquim Gomes y a Michelle Coppolillo, deja que sea Fernando Escartín el que continúe con la cadencia que pide el líder Tony Rominger.

Después de haber intentado irse en solitario, Jalabert baja el ritmo y tanto Torres como Galarreta, que ha subido a su ritmo toda la ascensión, contactan con él. Todos, con el cuchillo entre los dientes, lanzan pequeños ataques que rompen la comunión vista en la fuga de doce. El poco entendimiento hace que Cepele vuelva a contactar. Pero aún así el ritmo no es malo y a 8 kilómetros cuentan con cinco minutos de distancia con un grupo del que ha saltado Carmelo Miranda (Banesto).

La niebla poco a poco se va haciendo más espesa y apenas nos deja ver el pequeño ataque de Roberto Torres que aprovecha Jalabert como lanzadera para atacar a falta de 7 kilómetros con y coger unos metros de ventaja. En ese momento TVE pierde la conexión y nos quedamos sin imágenes. Jalabert y Torres se pierden en la niebla y el espectador espera ansioso en la cámara fija de meta. Solo los privilegiados que hayan decidido asistir en vivo verán, todo lo que la niebla les deje ver, a los dos hombres en cabeza luchando por la victoria.

La retrasmisión televisiva se convierte en una trasmisión radiofónica y las motos pasan a ser  nuestros ojos y oídos. Sin imágenes, Pedro González repasa a los anteriores ganadores en el santuario asturiano y bajo ese halo mágico que irradia a Los Lagos, y de manera premonitoria, menciona a los dobles ganadores en lo alto de Covadonga, por entonces Lucho Herrera y Pedro Delgado. El año siguiente Laurent Jalabert, se uniría a ese selecto club.

Sebastián Pozo, masajista del equipo ONCE, arenga desde el coche de equipo a su corredor, “¡Vamos Jaja! ¡Fuerte Jaja!” gritos que llegan a los oídos del esprínter francés, ya que buscar comunicación con la vista es inútil. Jalabert se ha colocado sus gafas en la parte trasera de la cabeza, y el coche de la Vuelta no deja pasar a ninguna moto ni a ningún otro coche, para evitar riesgos. La etapa se la pelearán esos dos corredores.

Los dos ciclistas siguen escondidos en la niebla, ascendiendo hacia “Los Lagos de Hinault”, levantándose del sillín durante toda la ascensión, ambos con un estilo saltarín. Por fin hay entendimiento y ruedan juntos hacia la parte más dura del puerto.

Los espectadores ya son conscientes de lo que están viendo, aquel esprínter tiene como objetivo ganar en un puerto de categoría especial y su equipo está con él. “Un puerto de 1ª categoría como este no lo puede coronar nunca en grupo, pero yendo escapado perfectamente lo puede hacer.” Aquel mismo corredor coronaría a lo largo de su carrera numerosos puertos en primera posición, Los Lagos solo sería el primero.

En las rampas de mayor desnivel, Roberto Torres prueba a “Jaja” y este responde perfectamente. “Los tres últimos kilómetros me dolían las piernas, pero cuando me arrancaba Roberto no me costaba mucho ir a por él” afirmaría el campeón francés al final de la etapa.

Por detrás Rominger atacaba y se llevaba a su rueda a Zarrabeitia, ambos neutralizan a Rincón que había atacado kilómetros antes y ruedan juntos en un terceto. En el grupo, Delgado consigue distanciarse de Zulle que parece sufrir una pequeña pájara.

En los últimos kilómetros el asfalto está húmedo y resbaladizo debido a la niebla. La carretera  se encuentra en ese momento tan temido por los ciclistas, en el que las ruedas no tienen agarre, los frenos te pueden jugar una mala pasada y tras cada curva puede esconderse un caída.

La niebla es lo que vemos. Estamos expectantes en las cámaras fijas colocadas a 500 metros y en la línea de meta. De repente se escucha un grito “¡Un kilómetro para los dos de delante!” e inmediatamente después y sin que lo veamos “¡Ataque de Roberto Torres!” El ciclista de Lotus sabedor de que nada tiene que hacer al sprint, lo intenta desde lejos. Al tomar una curva y debido a lo deslizante de la superficie la moto de la guardia civil que escoltaba a los ciclistas sufre una caída. Los dos corredores la esquivan a duras penas y a Torres se le sale el pie del pedal, Jalabert lo tiene todo para ganar.

Efectivamente, la siguiente imagen es la de Jalabert alzando los brazos en la cima de Los Lagos. Lo increíble se hacía realidad. El corredor que había sido dominador absoluto de las llegadas masivas se hacía con la victoria en la etapa reina de la Vuelta.

Por detrás, tras algunos compañeros de fuga, llegaba el líder de la carrera junto al segundo clasificado. Pedro Delgado había conseguido descolgar a Zulle y hacerse con la tercera posición que mantendría hasta Madrid.

Aunque al finalizar la etapa, Jalabert afirmaría que esas etapas “son una vez en la vida”, el ciclista francés sufriría una transformación a partir de ese día. Conseguiría la victoria en el sprint de Madrid y llegaría a la asombrosa cifra de siete victorias de etapa, en la misma edición en la que Tony Rominger se hacía con seis victorias parciales.

Al año siguiente, y tras su escalofriante caída en el Tour de 1994, “Jaja” arrasaría en la Vuelta a España. Volvería al lugar que le vio nacer como ciclista de grandes vueltas y se convertiría en el primero en llegar a lo más alto de Los lagos, siendo el único que ha ganado en dos ediciones consecutivas. Victoria en la clasificación general, cinco etapas, líder de la clasificación de la montaña y líder de la clasificación de la regularidad, no logró ser líder todas las etapas como Tony Rominger, pero su superioridad fue incuestionable. En el apartado de clásicas se haría con la París-Niza, Volta a Cataluña, Criterium Internacional, Milan-San Remo o Flecha Valona entre otras, en una de las mejores temporadas que se recuerdan en el ciclismo moderno. Además conseguiría el cuarto puesto en el Tour de Francia y el mallot por puntos.

Los éxitos continuaron llegando, así como la transformación del corredor, hasta el punto de hacer olvidar que en un tiempo no fue más que un esprínter. Clásica de San Sebastián, Vuelta al País Vasco, Vuelta a Suiza… Pero la metamorfosis total de este corredor llegó con la victoria en el campeonato del mundo de contrarreloj en 1997, se convertía también en un especialista en este terreno. En su única participación en el Giro logró una increíble cuarta posición y en el ocaso de su carrera lograría los dos maillots de la montaña en sus dos últimas participaciones en el Tour de Francia, así como el premio al corredor más combativo.

Así fue como, en un puerto mágico, fantástico y tenebroso, bajo una niebla que hechizó aquel momento, un sprinter decidió que quería ser algo más. Los Lagos de Covadonga habían visto ganar a grandes especialistas en la montaña, pero aquel día vieron nacer a un campeón.

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