Anquetil apuntilla a Poulidor en su última gran victoria-Vuelta al País Vasco 1969

Posted on abril 1, 2013

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Jacques Anquetil y Raymond Poulidor siempre fueron enemigos en la carretera (foto: wheelsuckers.co.uk)

Jacques Anquetil y Raymond Poulidor siempre fueron enemigos en la carretera (foto: wheelsuckers.co.uk)

Antonio Álvarez Lovillo-@lovillo99

Corría el año 1969. La Vuelta al País Vasco regresaba tras el parón de más de 30 años ocasionado por la Guerra Civil española y algunas circunstancias posteriores hicieron que desapareciera del calendario ciclista. Pese a ello, algunas pequeñas pruebas como el Circuito del Norte y el G.P. de Bilbao mantenían el ciclismo en el norte del país. En esta tesitura, fue en el año 1952 cuando surgió la iniciativa de la Bicicleta Eibarresa. Nada más hay que ver su nombre para saber el indicativo de que esta prueba se tenía que celebrar en territorio vasco. La mayoría de las etapas finalizaban en Eibar aunque recorrerían toda la provincia. Pero su primera edición fue un indicativo del resto de su historia: apenas tenía corredores de renombre y como no, los elevados costes de organización. Por ello, a finales de la década de los 60, las dos pruebas por etapas más importantes que se habían celebrado en ese territorio, deciden unir sus fuerzas y re-crear la Vuelta al País Vasco-Bicicleta Eibarresa. El diario donostiarra La Voz fue el principal valedor de esta unión compirtiéndose en su patrocinador.

Abril se convertiría desde entonces en el mes de la Vuelta ciclista al País Vasco, que no ha tenido parón pese a que su unión con la Bicicleta Eibarresa fue efímero, unos cuatro años. La edición del reencuentro con el calendario internacional tenía a dos figuras por encima de todas. Ambas francesas y eran Jacques Anquetil y Raymond Poulidor. Junto a ellos estaban otros corredores como Ocaña, Pérez Francés, José Miguel Echávarri, Domingo Perurena, Fransico Gabica o el padre del actual de los hermanos Schleck, de nombre Johnny.  Bic, Fagor, Kas y Mercier eran los equipos. El conjunto holandés Wuillen decidió no participar el mismo día del inicio de la prueba. Pese al gran cartel que había, el número de ciclistas no era superior a cuarenta. Cinco etapas con un perfil abrupto decidirían el ganador final. Incluía en una de ellas, la cuarta, el doble sector, con crono por la mañana y etapa en línea por la tarde, algo que se ha mantenido a lo largo de los años, desapareciendo en las últimas ediciones. Todo estaba preparado para la lucha. En España citaban como máximos favoritos a los franceses Anquetil, Poulidor, Bellone. Solo Ocaña estaba en las quinielas para destronar un ganador francés.

La carrera estaba destinada a decidirse en la crono de la cuarta etapa, entre Guernika y Bilbao de 43 km. No obstante, tuvo su momento más importante en la segunda jornada. La primera había sido un relax de corredores, que llegaron a Vitoria con más de 45 minutos de retraso, en un sprint ganado por el británico Wright. Tal es la señal de tranquilidad que se respiró ese día, que la organización dejó huérfano el premio de la combatividad. Retomando la nota importante de la segunda etapa, entre Vitoria y Pamplona de 203 km con los altos puntuables de Udana y Lizarraga. En el primero de ellos, en Udana en su descenso se produjo la caida de Poulidor lo que le provocó quedar descolgado del pelotón. Peor fue para él cuando en la otra cota puntuable, Lizarraga se producía la escapada de seis corredores: Gabica, Días, Galera, Castelló, San Miguel y como no Anquetil. Pese a ser el único no hispano en ese grupo, Anquetil se entendió a la perfección consciente de que estaba dejando atrás a otros ciclistas como Ocaña o Poulidor. Galera sería a la postre ganador de esa etapa y se convertíria en nuevo lider, en deprimento de Wright. Poulidor llegaba con más de siete minutos de retraso. De nuevo Anquetil parecía que iba a dejar por detrás al eterno segundón. No solo se había dejado atrás a un firme competidor como Raymon, sino que todas las apuestas giraban en torno a él. En España las esperanzas se ponián en Gabica, ciclista que había ganado la Vuelta a España de 1965, aunque bien es cierto que estaba huérfano de grandes éxitos desde entonces. Todos pensaban en la crono, puesto que la jornada del día siguiente no parecía muy importante para hacer ceder a Anquetil, que con 35 años ya presumía de ser el primer corredor en haber ganado en las tres grandes.

En su último año, uno de sus objetivos fue batir el récord de la hora, hecho que corresponde a esta foto (foto: ciclismohistoria.blogspot.com)

En su último año, uno de sus objetivos fue batir el récord de la hora, hecho que corresponde a esta foto (foto: ciclismohistoria.blogspot.com)

La tercera etapa tendría 171 km entre Pamplona y San Sebastián. Las rampas de Jaizkibel serían las dinamizadoras de la carrera pues en ellas, los grandes damnificados de la jornada anterior, Poulidor y Ocaña se marcharon del pelotón, junto a Aurelio González, pero este cedió ante el ritmo de los primeros. No obstante, la distancai que había ganado los escapados de la jornada anterior les permitían tomarse una tranquilidad antes dos grandes capos del ciclismo de aquellos años. La diferencia no fue superior a treinta segundos y se mantuvo durante los 40 km que separaban el alto de Jaizkibel de la meta. El velódromo de Anoeta, lugar que había acogido el campeonato del Mundo de 1965, era final de la etapa y el primero en entrar en él fue Ocaña, tras las dudas de Poulidor que nuevamente sería segundo. El grupo llegó a unos veinte segundos, insignificantes para la clasificación general. Tras la intrascendente jornada de la mañana de la cuarta etapa, ganada por Raymond Riotte, llegaría la clave, la crono entre Gernika y Bilbao.

En España y sobre todo en el País Vasco se tenía muchísima fe en Gabica. Se quería ver el resurgir del corredor de Ispáster, en unas carreteras muy familiares para él. Fue segundo finalmente en la general, pero en la crono estuvo ligeramente lejos de Anquetil, unos treinta segundos. En parte, porque el francés no quería arriesgar por las carreteras vascas, peligrosas por la lluvia. Arriesgó muy mucho Poulidor y así lo refleja su victoria de etapa, y sobre todo por lo más de dos minutos que le metió a Anquetil. Segundo fue Ocaña, que también superó el minuto de diferencia. No obstante, Anquetil finalizaba tercero y marcando las pautas para ser el ganador de la reeditada Vuelta al País Vasco. El hasta ahora lider, Galera descendía  a la sexta plaza, mientras que el podium lo iba a completar Díaz, también del Fagor al igual que Gabica. La última etapa finalizaría en Eibar tras 171 km entre Bilbao y ella. Pese a los intentos del equipo Fagor en los constantes repechos, no se pudo hacer nada para despegar a Anquetil de la victoria, que acabaría rubricando tras entrar en el mismo tiempo que el ganador de esa etapa Domingo Perurena. La constante fue la lentitud, solo rota en las rampas finales que ayudó aun más al francés a suceder a Gino Bartali en el palmarés de la prueba vasca.

Jacques Anquetil decia casi adiós a la competición con esta gran victoría. En su último año pretendía ganar el campeonato del mundo, algo que no pudo conseguir pese a hacer seis veces entre los diez primeros. También quería conseguir el record de la hora. Todo esto no podia compaginarlo con la preparación de las grandes rondas que ya llevaban su nombre. Poulidor por su parte, no pudo derrotar a Anquetil en sus buenos años. Por desgracia para él, tras la retirada del corredor del Bic vendría otro monstruo de la bicicleta como era Eddy Merckx, acompañado de Ocaña y después Hinault, lo que le imposibilitaría quitarse el apodo de eterno segundón. Pese a esto, Anquetil y Poulidor fueron grandes amigos. Cuando el primero de ellos estaba a punto de fallecer, Poulidor le acompañó hasta que expiró e incluso bromearon, puesto que Jacques Anquetil le recordó que “otra vez, amigo, acabarás segundo”. Ambos antagónicos, puesto que Anquetil era el maestro de la calculadora y Poulidor el del derroche. Ambos son historia del ciclismo, aunque uno se llevase la gloria y otro el resto de ella. No obstante, uno sin el otro no hubieran podido existir y triunfar. Al igual, que la Vuelta al País Vasco, que desde su reestreno en 1969 ha sido cuna de grandes gestas y batallas ciclistas. Algo que este 2013 no cesará. Ni esperemos que en muchos años.

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