Las Ardenas, Bélgica y Gilbert- Video

Posted on abril 13, 2013

0


Gabriel Álvarez García– @gabialv91

Hay un momento en el calendario ciclista en el cual, los que hayan sobrevivido a los adoquines, se encuentran con ocho días de puro ciclismo. Más que bicicleta habría que usar arneses, puesto que al ascender muros como el de Huy o el Cauberg lo importantes no es llegar a la cima, sino burlar a la ley de la gravedad y mantenerse encima de la bicicleta.

El pelotón internacional da más de tres vueltas al mundo en una temporada. Pekín, Qatar, California, Melbourne… la globalización ha abierto mercados, pero en cuanto a pasión, y como si de una conocida aldea gala se tratase, hay una pequeña región en el viejo continente que se resiste a este nuevo ciclismo, y que llena las aceras (o en mucho caso tan solo los lados de las carreteras llenos de tierra) para dejar sus gargantas  al paso de lo que allí todavía se consideran héroes. Preguntad a quien sea, el ciclista quiere ir a Bélgica y a Holanda, donde, digámoslo alto y claro, se trata al corredor como se merece.

Así pues, desde Dorsal51 queremos honrar con nuestro grano de arena a esta región, la misma que consigue que no nos olvidemos del ciclismo con la temporada de ciclocross, y que mañana mismo comienza su semana grande, las Clásicas de las Ardenas.

Las Clásicas de las Ardenas son puro espectáculo para el espectador

Las Clásicas de las Ardenas son puro espectáculo para el espectador

Nuestra historia de hoy es puro ciclismo, y aunque no hace más de dos años, también es pura historia. Ser belga, como el poder de un superhéroe, conlleva una gran responsabilidad en el ciclismo, y en 2011, enfundado en un maillot que a cada pedalada nos recordaba su lugar de origen, Philippe Gilbert, consiguió ser profeta en su tierra y ganarse las llaves de donde quiera que van los ciclistas cuando mueren.

El tríptico de las Ardenas, allí donde ya había triunfado hasta en diez ocasiones Eddy Merckx o donde también se habían apuntado a la victoria nombres como Bernard Hinault o Michele Bartoli. Tres pruebas, más de noventa muros, parada en Holanda para empezar con la Amstel Gold Race, llegada a la tierra prometida con la Flecha Valona y en acabar de triturar las piernas de los ciclistas ya se encarga la Lieja-Bastogne-Lieja.

Ninguno de estos hombres, historia en el mundo del ciclismo, consiguió ganar las tres clásicas en la misma temporada. Este honor, el de ser el primero,tampoco recayó en Gilbert, el año 2004 un menudo corredor italiano del mítico Gerolsteiner, Davide Rebellin, asombraba al mundo y conseguía cerrar el tríptico perfecto, algo que simplemente nos parecía imposible.

Victorias de toda clase, con rivales que aunque sabían qué rueda había que vigilar no pudieron hacer nada en ninguna de las tres ocasiones, simplemente historia.

Pero vayamos a aquella histórica temporada 2011. Gilbert prepara las clásicas de primavera en el Algarve y en la Tirreno Adriático. Allí demuestra que lleva dos marchas más que todos sus rivales, y que en esfuerzos explosivos nadie puede siquiera cogerle rueda. Pero las piernas siempre tiemblan en las Ardenas, y en la Milán-SanRemo sufre el primer varapalo de la temporada y “solo” puede ser tercero.

Llegamos entonces a la primera parada, esta algo más lejos de casa, en Limburgo, región que aunque todavía no lo sabía le iba a deparar la alegría más grande para un ciclista dos años después. A su favor contaba con sus piernas, en su contra la historia puesto que como vigente campeón nadie había conseguido revalidar el título en los últimos 20 años, y aunque pueda parecer una osadía, a su favor también tenía todos y cada uno de los muros de la carrera, el Gulperberg, el Keutenberg o el Cauberg. Y a pesar de que  Andy Schleck comienza la tercera y definitiva subida al Cauberg con unos metros de ventaja, Gilbert con el uno a la espalda, controla la carrera en todo momento y tras la neutralización, aguanta un ataque de Purito para vencer en solitario con tiempo a alzar los brazos, primera prueba primera victoria.

Las dudas sobre su participación en la Flecha Valona fueron disipadas al final de la carrera, en la que admitió que formaría parte de la salida, pero tan solo para preparar su próximo gran objetivo, Lieja. Ni nosotros, ni sus rivales, ni si quiera el propio Gilbert se creían esas palabras.

¡Y menos mal que la corrió! Quizás en su cabeza no estaba forzar la máquina, pero aquella edición de la Flecha Valona no fue tan selectiva como normalmente y a un kilómetro de meta, a los pies del muro de Huy, el pelotón llegaba completamente entero, así que Gilbert se posicionó en la parte delantera del grupo y esta vez sin mirar atrás fue él el que lanzó su ataque, el ataque más duro que se recuerda en ese muro, brutal, exhibición pura, tiempo de sobra para mirar atrás, zigzaguear, darse golpes en la cabeza y creérselo, primera vez que ganaba la Flecha Valona y gran favorito para obtener el triplete cuatro días después.

Bélgica vibraba con un campeón que podía hacer historia. Igualar el hito de Rebellin estaba al alcance de la mano de un corredor que, además, lo podía conseguir rodeado de los suyos. En esta ocasión no tenía una pared en meta, la carrera iba lanzada con muchos movimientos y gente importante en fuga, pero Gilbert sabía que estaba ante una oportunidad única y supo moverse. Una pequeña cota a cinco kilómetros de meta (Saint Nicolas) actúo como su gran aliada. El belga había conseguido seleccionar la carrera y se había marchado con los hermanos Schelck y con Van Avermaet; que venía de la fuga; intenta marcharse en solitario con un ataque en la cota, pero los luxemburgueses consiguen mantener el ritmo. Gilbert no está del todo descontento con ese movimiento puesto que sabe que es superior a los Leopard en el sprint, y así lo rubrica. Con el apoyo de toda Bélgica y unas piernas que parece que no han corrido más de 700 km en ocho días, destroza a sus rivales de fuga y entra victorioso, en Lieja y en los libros de historia.

Así acabaron las Clásicas de las Ardenas. Tres carreras y un solo ganador. La temporada de Gilbert acabaría siendo una de las mejores que se recuerdan. Por supuesto y por respeto se alzaría con el maillot de campeón de su país, tanto en ruta como en contrarreloj, también con la Vuelta a Bélgica, brillaría en las grandes y en más clásicas y vencería en la clasificación UCI de aquel brillante 2011, en el que fascinó a todo el mundo, se ganó el cariño de toda Bélgica, y estamos seguros de que hasta el mismísmo Eddy Merckx se sintió orgulloso de compartir patria con Don Philippe Gilbert.

Anuncios