Grandes rivalidades – Indurain vs Chiappucci

Posted on abril 15, 2013

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Unos dioses que, a través de sus duelos, hicieron este deporte más grande (deportes.terra.es)

Unos dioses que, a través de sus duelos, hicieron este deporte más grande (deportes.terra.es)

Diego de Arístegui Bengoechea – @onlydieks

Nuestra particular máquina del tiempo hace un poco lo que quiere, y esta vez nos ha querido llevar a una de las décadas más gloriosas para el ciclismo español, la de los 90. Gloriosa porque en ella se dio a conocer probablemente el mejor corredor de nuestro país en toda la historia de esta fabuloso deporte. Sobran las presentaciones, estamos hablando de Miguel Indurain.

Sin embargo, el motivo por el que hemos decidido acudir a la máquina del tiempo de Dorsal51 no es otro que el de recoger una de las rivalidades más míticas, y que a mí particularmente me resulta una de las más emotivas que podemos encontrar en nuestra larga lista. Aquí también recogemos al bueno de Miguelón, y junto a él, uno de los muchos compañeros de batalla con los que el navarro tuvo que lidiar durante buena parte de su carrera profesional. Este, a diferencia de los otros, puede decirse que fue sino el más guerrillero, uno de los ciclistas que más hizo emplearse a fondo a su rival. Era un corredor diferente que tuvo la peor de las suertes en su vida, coincidir en una misma época con Miguel Indurain.

Él, al igual que el español, es considerado también uno de los genios sobre la bicicleta, y por eso nosotros hemos querido recoger las mil y una batallas que libraron el uno contra el otro. El otro protagonista de esta fabulosa rivalidad es mayormente conocido como El Diablo. No es otro que Claudio Chiappucci.

Nacidos respectivamente en 1963 y 1964, las vidas de Chiappucci e Indurain estaban predestinadas a encontrarse en unos pocos años. Paralela y curiosamente a la vez, Indurain debutó como profesional un año antes que su rival, lo que no condicionó en absoluto la tremenda rivalidad que iban a tener en un breve período de tiempo.

Su primer gran encuentro tuvo lugar en el Tour de Francia de 1990. Ambos afrontaban situaciones algo diferentes de cara a la ronda gala. Chiappucci era uno de los líderes del equipo Carrera, y por tanto uno de los grandes favoritos para disputar el triunfo final. Indurain, por su parte, se encontraba en su etapa de gregario de Pedro Delgado en Banesto. Sin embargo, eran muchos los que decían que Indurain estaba en disposición de disputar el maillot amarillo, incluso hasta el propio Chiappucci. Quizás en ese año el italiano no le dio la importancia que se merecía a su rival, ya que su lucha estaba totalmente ligada a la figura de Greg Lemond por conseguir alcanzar la gloria en los Campos Elíseos. Al año siguiente, el destino terminaría por evidenciar que su gran rival estaba por llegar.

 Las cronos marcaron siempre la diferencia en favor del español (ccelgallo.com)


Las cronos marcaron siempre la diferencia en favor del español (ccelgallo.com)

Llegamos al Tour de 1991, y con él no sólo la hegemonía de Indurain, sino también la cada más madura rivalidad entre él y El Diablo. Lo único que se le puede achacar a esta gran lucha entre estos dos magos del ciclismo fue apabullante ventaja que Indurain obtenía en las etapas contrarreloj con respecto al corredor nacido en Uboldo. Sus mejores batallas vinieron en las ascensiones a los macizos franceses, y una de las más recordadas es la subida inédita al Val Louron. Aquí Indurain ya había demostrado con anterioridad que tenía la capacidad suficiente para postularse como el más firme candidato a la victoria. Su triunfo en la contrarreloj individual de 73 km, correspondiente a la octava etapa, fue el primer avisto de su calidad, ya que solamente Lemond fue capaz de aguantar su ritmo en la lucha contra el crono.

Llegados a los Pirineos, la etapa de Val Louron sería uno de los primeros escenarios donde Indurain y Chiappucci medirían fuerzas. Veníamos de la etapa con final en Jaca, donde el joven Luc Leblanc, tras una larga escapada, se había convertido en el nuevo líder de la prueba con más de seis minutos de ventaja respecto a los principales favoritos. Esto suponía tener que atacar a las primeras de cambio, y seleccionar la carrera lo antes posible, lo que justo llevó a cabo Indurain. Lanzó su ataque cuando la gente menos se lo esperaba, en el descenso del Tourmalet. Sólo un hombre fue capaz de darle caza, y ese fue Chiappucci. El transalpino, un habitual en los ataques lejanos, encontró en Indurain un idélico compañero de fuga para darle un giro a todo el Tour de Francia de ese año. La victoria fue para Chiappucci, pero la carrera iba a ser para Indurain.

Su siguiente gran enfrentamiento llegaría en el Giro de Italia de 1992, carrera a la que ninguno de los dos partía como el principal favorito, ya que esa etiqueta recaía sobre el vencedor del pasado año, Franco Chioccioli. De nuevo Indurain destrozó la carrera en la contrarreloj. Primero en la 3ª etapa entre Arezzo y San Sepolcro. El gran desafío llegó en la 9ª etapa, donde un conocido de Dorsal51 como Lucho Herrera fue el triunfador del día en la subida a Terminillo. Aquí nuestros protagonistas llevaron a cabo una intensísima batalla de la que ambos salieron vencedores, ya que Chioccioli llegó a más de nueve minutos.

Cuando se alcanzaron los Dolomitas, Chiappucci pasó al ataque, consciente de que tenía que reducir la ventaja respecto a un Indurain que cada vez se hacía más fuerte como escalador. El Diablo no pudo completar su objetivo, y Miguelón sentenció la carrera en la contrarreloj de Milán, donde Chiappucci sufriría una de las humillaciones de su carrera al ser doblado por su máximo rival y acabar a más de 5 minutos de Miguel Indurain.

El último capítulo al que quiero hacer referencia de está pura, pero siempre deportiva rivalidad entre Indurain y Chiappucci nos lleva al Tour de Francia de 1992, y más concretamente a uno de los días más gloriosos tanto para El Diablo, como para el ciclista navarro. A muchos se os vendrá a la cabeza esa fantástica decimotercera etapa con final en la cima italiana de Sestriere, un puerto que lleva el nombre de Claudio Chiappucci por su heroica victoria ese mismo año tras una fuga de nada más y nada menos que 200 kilómetros, en los que más de la mitad fueron completamente en solitario y sin referencias de lo que ocurría por detrás. Este fue sin duda uno de los duelos vencidos por Chiappucci en los que más le demostró a Indurain. Por su parte, el español cedió casi dos minutos, pero minimizó daños como nadie, ya que hombres fuertes como  Lemond o Leblanc llegaron a más de cuarenta minutos.

Tras esta mágica etapa llegó Alpe d´Huez, y los ataques de Chiappucci se hicieron continuos, pero de nada sirvieron ante el férreo marcaje que Miguel hizo sobre él. Además seguía teniendo un as en la manga que era la última contrarreloj en la que, de nuevo, Chiappucci iba a tener que sufrir para quedarse a 4´35 en la clasificación general.

Aunque parezca que en esta rivalidad siempre hubo un claro vencedor por resultados que fue Indurain, lo que nadie puede negar es que, tanto uno como otro, se hicieron más grandes y mejores ciclistas. Estos dos extraterrestres escribieron una serie de capítulos inmaculados en la historia del ciclismo mundial, como leyendas vivas que ellos son. Esta rivalidad, a diferencia de otras, estuvo gestada en la buena relación que ambos mantuvieron fuera de la carretera. Pero cuando ambos montaban en sus bicicletas, no había ningún tipo de amistad, sino puro espectáculo.

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