Pantani y el Galibier, mito contra mito

Posted on mayo 3, 2013

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Pedro Ceinos Alonso

El Galibier ha sido el puerto elegido por el Giro de Italia para rendir homenaje a Marco Pantani en el decimoquinto aniversario de su victoria en la memorable edición de 1998. La decisión, no exenta de polémica y alguna que otra suspicacia, no empaña en absoluto el nombre de dos grandes iconos de la historia del ciclismo: un escalador a la antigua usanza; Marco Pantani, y el col du Galibier, el gigante de la Savoia.

​Marco Pantani fue, sin ninguna duda, el ciclista más espectacular de la, ahora denostada, década de los noventa. Trituró a sus rivales en la alta montaña y les sometió una y otra vez hasta llegar a la extenuación. Ejemplo de algunas de las grandes actuaciones de Pantani las encontramos en el Giro de Italia. Por ejemplo, en la edición de 1994, cuando explotó a todos sus adversarios subiendo el Mortirolo como alma que llevaba al diablo; o cuatro años más tarde, en 1998, en un Giro de Italia luchado de poder a poder frente a tres grandes corredores: Michele Bartoli, Alex Zulle y Pavel Tonkov, que tuvieron que claudicar, cada uno en una fase diferente de la carrera, ante la insistencia y el instinto de ataque del PirataPantani.

​Reproducir cualquier gran etapa de 1998 hubiese sido suficiente para honrar el nombre de Pantani y ubicar el homenaje en su hábitat más natural: la montaña italiana. Los organizadores de la corsa rosa podían haber optado por repetir la decimosexta (¿) etapa Asiago-Selva diValgardena de aquel lejano 98, donde Pantani se vistió por primera vez de rosa. Pocos minutos después de bajar del pódium confesaría que aquello le había pillado totalmente por sorpresa. Qué cuando salió en respuesta al ataque de Pavel Tonkov en la Marmolada no pensaba que Alex Zülle mostraría una debilidad tan manifiesta, y qué vestir lamaglia rosa era lo más bonito que le había pasado en su carrera deportiva (hasta ese momento).

​La organización también podría haber optado por un final en Plan di Montecampione, la llegada donde MarcoPantani terminó por apuntalar el liderato y sometió al ruso Pavel Tonkov a constantes ataques hasta que, a falta de unos 3 kilómetros, consiguió romper la aparente serenidad del líder de Mapei.

La impresionante panorámica del Col du Galibier.

La impresionante panorámica del Col du Galibier.

​Sin embargo, Acquarone ha decidido dar una nueva vuelta de tuerca a “su” carrera, y ha trasladado el homenaje a Pantani a suelo francés, algo que no deja dellamar la atención. Y es que, en su afán por intentar globalizar la imagen del Giro de Italia, el director de la “corsa rosa” parece dispuesto a hacer suyos mitos de otras grandes competiciones. Así, ha diseñado un final en la mismísima cima del col de Galibier. Algo inédito, por la vertiente que se ascenderá (vía Telegraphe), incluso en el Tour de Francia.

​La etapa comenzará en Cesana Torinese, a las faldas de Sestriere, desde donde el pelotón se adentrará en el valle de Susa para afrontar el témido Moncenisio por su vertiente más exigente. Después, ya en Francia, ascenderán hasta los 2645 metros de altitud del emblemático col du Galibier en una jornada de ciclismo que hará que los aficionados más nostálgicos echen la vista atrás y refresquen la memoria con una de las gestas más bellas que ha dado este deporte. Un día en el que se juntaron todos los ingredientes necesarios para formar uncocktail explosivo que quedaría grabado con letras de oro en la historia del Tour de Francia, y que fundiría a dos grandes mitos, Marco Pantani y el col du Galibier, en una escapada de leyenda.

El día D

​Para entender la gesta del Galibier en toda su extensión, sería recomendable recordar la situación con la que se llegaba a ese 27 de julio de 1998. Jan Ullrich era, aparentemente, un líder sólido. Procedente de la “estajanovista” escuela de la RDA, la irrupción del gigante de Rostock en el pelotón, en la Grande Bouclé de 1996, eclipsó incluso la participación de su líder y, a la postre, vencedor de esa edición: Bjarne Rijs, a quien se denominó como vencedor de transición. Un año después, “Ulle” volvió al Tour de Francia y ejerció de patrón. Sentenció la carrera en la contrarreloj de Saint Ettiene, pocos días después de haber provocado un terremoto en la carretera de camino a Ordino-Arcalis. Después de esa victoria, la prensa especializada comenzó a elucubrar: ¿había llegado la dictadura de un nuevo rey? Se preguntaban cuántos Tours de Francia sería capaz de ganar.

​Por eso, en Grenoble, casi nadie era capaz de poner en tela de juicio su liderato. Bobby Julich, segundo clasificado en la general, hablaba de que el de Les DeuxAlpes era “un día muy importante”, y Marco Pantani, sonreía mientras respondía a los periodistas que atacaría dependiendo de lo que dijesen sus piernas.

La lluvia no paraba de caer desde la salida, y el col de la Croix de Fer se cobró la primera víctima: Laurent Jalabert. El campeón de Francia volvería a contactar con el pelotón antes de que éste comenzase la ascensión al col deTelegraphé, pero para entonces, todos eran conscientes de que había perdido sus opciones en la general.

​Sin embargo, la gran hecatombe ciclista todavía tardaría algunos kilómetros en llegar. En los Alpes, el diluvio no cesaba, lo que ayudaba, junto a la dureza de los puertos y el desgaste acumulado en las jornadas anteriores, a madurar el pelotón en las primeras rampas del col deTelegraphé.

​Udo Bolts marcaba el ritmo del Telekom, mientras el grupo principal se iba desgranando poco a poco. Por delante, seis hombres, entre los que destacaba la presencia de Rodolfo Massi, líder de la montaña, y un sorprendenteChristophe Rinero, ascendían ajenos a lo que pudiesesuceder por detrás. En realidad, el objetivo de la mayoría de ellos habría sido dejarse ver, y para Massi obtener los suficientes puntos de la montaña para afianzar la clasificación.

​Así, se llegó a la cima del Telegraphé, y Telekom suavizó el ritmo en Valoire para reestructurar al equipo.Roland Meier, asomaba en cabeza, pero nada hacía presagiar que su líder, Bobby Julich, tuviese la idea de atacar. Pantani, agazapado en la mitad del grupo, pasaba desapercibido y esperaba su momento para cambiar el destino que le unía a Les Deux Alpes

Y es que, la de 1998 no era la primera vez que el de Cesenatico llegaba a la cima alpina. Ya en 1994, cuando se dio a conocer en el recordado Giro de Italia, el Pirata realizó uno de sus ataques suicidas en la penúltima oportunidad montañosa. Era la vigésima etapa entre Cuneo y Les Deux Alpes, con la mayor dureza concentrada en la primera parte. Con el colle delle Agnello (terrorífico por su vertiente de Casteldelfino) y el col de Izoard, ya en suelo francés, por la mítica vertiente de la Cassé Desserte, un lugar de otro mundo; y donde Pantani realizó su ataque. El final de la etapa sin embargo, reducía la dureza considerablemente, y Pantani encontró un duro enemigo de camino al col de Lautaret: el viento, lo que le hizo aflojar el ritmo hasta terminar engullido y tener que resistir las embestidas de Indurain y Berzin en Les DeuxAlpes.

Marco-Pantani-ataque-ascensión-Galibier

Tormenta bajo la tormenta

​En el Galibier, el escenario comenzó a cambiar gracias al ataque de un inquieto escalador francés: LucLeblanc. A rueda del corredor de Polti, salieron Meier, Bolts y Jan Ullrich; y Michael Boogerd, quinto clasificado, e incluso Bjarne Rijs mostrando evidentes signos de fatiga. Tras la neutralización y el posterior reagrupamiento, sería el turno del sufridor Fernando Escartín, que volvería a ser engullido por el grupo principal en pocos metros.

​Sin embargo, la mecha ya se había encendido y los ataques se sucedían constantemente. No había vuelta atrás.Volvió otra vez Leblanc a la carga, y detrás de él saltaron, un incansable Escartín y Boogerd, ambicioso. El equipo del líder se había desgranado. Ya no tenía ni a Aldag, que había los primeros kilómetros de ascensión, ni a Bolts, ni tan siquiera a Bjarne Rijs, de modo que fue el propioUllrich el que tomó la responsabilidad. Aceleró el ritmo para intentar controlar al resto de corredores, y lo que consiguió fue justo lo contrario, que el gallinero se alborotase. Quedó un grupo formado por 7 unidades con Leblanc,  Escartín, Boogerd, Julich, Di Grande, el propio Ullrich y… Marco Pantani seguía agazapado viendo como el semblante imperturbable del líder comenzaba a cambiar de color mientras esperaba su oportunidad.

​Tras otro parón, un incansable Escartín lo volvió a probar consiguiendo su objetivo. Abrió unos metros de ventaja y Leblanc se quiso subir a la que, parecía la rueda buena, pero Ullrich no le dejó. El alemán volvió a estirar el grupo. Otra vez volvió la calma y el reagrupamiento.Escartín rodaba solo delante y tenía en cabeza a su compañero Marcos Serrano, pero el oscense no era preocupaba a Ullrich. Por eso, el líder pensó que era el momento de tomarse un pequeño respiro para apretar los dientes en la parte final de la subida. Entonces, cuando parecía que la situación se había estabilizado, cuando parecía que la lluvia golpeaba a los ciclistas con menos cuando y cuando quedaban siete kilómetros para coronar el Galibier, atacó Pantani. Con un demarraje marca de la casa. Ullrich hizo el pequeño ademán de saltar al ataque del pirata, pero enseguida se dio cuenta de que no tenía ni la fuerza física ni psicológica para aguantar un envite de esa entidad.

​El resto, pertenece a la historia. Así, mientras Pantanivolaba en busca de una de sus victorias más legendarias,Ullrich se hundía bajo el diluvio. La recompensa llegaría en Les Deux Alpes, pero lo cierto es que el embrión del maillot amarillo del pirata se gestó a siete kilómetros de la cima del Galibier.

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