Giro de Italia: un instante en el presente, una estancia en la historia.

Posted on mayo 25, 2013

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Redacción Dorsal51@Dorsal51

Se nos fue el Giro 2013. Como si del verano se tratara, nos quedamos con sabor agridulce. Hemos disfrutado pero nos quedamos con ganas de más. Siempre pasa con las cosas buenas. Y esta es una de ellas. En verdad, el ciclismo en general es de esos momentos en los que te abstraes de todo para disfrutar. Han sido tres semanas apasionantes, volcados en una carrera que año tras año (y parece mentira después de tantas ediciones) sigue creciendo y que no deja indiferente a nadie.

Desde Dorsal 51 hemos intentado ser la voz de la ilusión, de transmitir las ganas por un deporte que nos gusta, y que aún, pese a que llevamos viéndolo temporada tras temporada, nos puede sorprender. El mismo que nos obliga con gusto a dejarnos de siesta y cosas que hacer para pasar horas delante de “la caja tonta” o de tu ordenador. Porque al fin y al cabo, muchos hemos tenido que hacer el seguimiento en este medio porque no ha habido cobertura de esta grandísima carrera a nivel nacional. Y la verdad es que es una pena.

Las etapas que hemos visto han sido para enganchar a la gente. Lo hacen con los expertos y más viejos del lugar, aquellos que cuentan mil batallas. Si es así, imaginémonos con los nuevos. Si este deporte quiere llegar a ser de masas se tiene que  apostar por él en las grandes citas y por consiguiente en unas televisiones a la altura de la competición. Hemos visto (e intentado entender) como la RAI hacía especiales antes y después de la etapa, como estaba al pie del cañón en cada momento. Aún sin imágenes de la carrera, seguían hablando de ciclismo. Y sí, que en España a la Vuelta se le da bombo. Pero… ¿por qué solo la Vuelta? ¿Acaso no es todo ciclismo? Los intereses comerciales priman demasiado, y los deportes están sumergidos en ellos. Por desgracia, no somos un deporte de masas y sin imágenes, la realidad es limitada.

Pero para quién lo haya visto, este Giro ha tenido de todo y para todos. Hemos pasado de la incertidumbre del primer día y de los nervios del novato, a darnos cuenta que la rapidez con la que pasan las cosas es equivalente a los sprints de Cavendish. Afirmar que un equipo es importante siempre, y si Sky gana una crono en conjunto es por algo. Que la ilusión de los nuevos no entiende de edades, sino que se lo pregunten a Paolini y a Battaglin. También que los alemanes dejan su sello en todos los lados, incluso en el caos más Degenkolbiano. No obstante, si las cosas son normales, Cavendish es el rey. No olvidar que los sprinters no suelen ganar sin gregarios, pero que estos también tienen su oportunidad, aunque tengan que sudar y sufrir como Hansen y Belkov. Antes del ruso, observamos que no hay límites del cuerpo humano para poder triunfar como bien sabe Dowsett.

Ante la desilusión de la huida de los capos a su casa, otros tienen que asumir galones. Para ello estaban Urán y Navardauskas. Eso no le pasaba a Omega, que seguía teniendo a Cavendish (e incluso si hacia falta repetir dos veces seguidas). La montaña llegó, aunque no la vimos en todo su esplendor por el mal tiempo. Poco le importó al pequeño Santambrogio que ilusionaba y alegraba en la misma cantidad a su equipo con la posibilidad del podium. Pero para alegrías la de Visconti. Era pecado que un corredor de su clase no hubiera ganado en el Giro. Hace dos años, durante el trascurso de este, se fue un ciclista e Intxausti, compañero de entreno de él, le dio los honores que se merece el gran Xavi. Por si se tiraba tiempo sin ganar, Visconti quería irse saciado. Y mientras Nibali apuntillaba su carrera. De manera doble además, y quién sabe si triple si entre medias se hubiera disputado la etapa-jornada de descanso. Al final, las cosas no son como empiezan, sino como acaban, aunque esta vez sea igual de rápido que como surgió.

Y entre medio de todo esto, hemos sentido el frio de los corredores, la lluvia molesta y el dolor de las caídas. Hemos pensado que muchas carreras no se pierden subiendo montañas, sino que también bajándolas. Que confiamos a muerte en los españoles, aunque a veces cueste verlo en el blanco del Giro. Porque este Giro no ha sido rosa, sino blanco impoluto. El mismo que cubría las montañas que no se podían ascender. Que también, no llueve a gusto de todos, y que los peces y los tiburones se mueven muy bien en el agua. Al fin y al cabo, este deporte no está hecho para personas que se arruguen ante el mal tiempo. Lo extraordinario deja de serlo cuando se convierte en costumbre. Que por mucho que estos ciclistas y PERSONAS hagan esto a menudo, no nos olvidemos que detrás llevan mucho trabajo y sacrificio. Que el ciclismo sea recordado por esto, y no por la mancha que intenta rompar el blanco de la nieve que ha tenido este Giro. Que la resistencia con la que aguantan los días estos ciclistas, sea la misma que haga perdurar sus hazañas en el tiempo, y que desde Dorsal 51, podamos contarla con orgullo.

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