Crónica XXXIII Prueba Cicloturista Vitoria

Posted on junio 7, 2013

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José Arturo Castro

La primavera del 2013 está siendo muy atípica, el sol se ha ido de vacaciones y la lluvia y el frio campan a sus anchas principalmente en la zona norte de nuestra piel de toro. Los cicloturistas apenas han tenido oportunidades de salir con la bici, han llegado al sexto mes del año con muy poquitos kilómetros en sus piernas.

Junio se estrena en el calendario cicloturista con una de las grandes: “La Prueba Cicloturista Vitoria”: 250 kilómetros, 6 puertos de montaña y casi 3.600 metros de desnivel acumulado. No es una marcha para “globeros”, hay que estar en forma. No muchos cicloturistas reunían estas condiciones y algunos que si las cumplían y habían formalizado su inscripción decidieron darse de baja a última hora tras ver como diluviaba en sus lugares de origen a primera hora de la mañana del día de la prueba.

Aún así 156 valientes desafiaron todas las adversidades y predicciones y se presentaron en la línea de salida de Vitoria – Gasteiz. La capital alavesa les recibió gélida (11ºC) y con lluvia ligera. A las siete de la mañana con puntualidad suiza se dio la salida. Por delante un gran día de cicloturismo.

Los primeros kilómetros discurrieron tranquilos en compacto pelotón haciendo frente común a las lluvias esporádicas. Tras superar Opacua, km.33, comenzó la primera dificultad montañosa de la jornada, el alto del mismo nombre, una ascensión durilla de 5 km. de longitud y casi 400 metros de desnivel. La niebla se adueño de la subida, así como del resto de las ascensiones, y el frio (6ºC.) y la humedad hicieron mella en los cicloturistas.

Superado este primer punto “frio” de la jornada, llegó el momento de darse un respiro. Los próximos 20 kilómetros fueron prácticamente de descenso protegidos de la lluvia y la niebla por la Sierra de Urbasa.

La segunda dificultad montañosa estaba situada en el km. 63: “Alto de Urbasa”, un puerto de película, con una ascensión corta pero empinada, 7 kilómetros de transición por el páramo y un descenso espectacular, serpenteante y vistoso hasta llegar a Olazagutía y después a Alsasua donde estaba situado el primer punto de control y avituallamiento líquido.

Continuando el camino, llegó el turno del Alto de Lizarraga (km. 104) que se hizo más duro de lo indicado en el perfil. La niebla en la cima era tan cerrada que algunos cicloturistas decidieron hacer los últimos metros a pie. Poco a poco a medida que se descendía por el Valle del Yerri la climatología mejoró e incluso se atisbaron algunos rayos de sol. Fueron los únicos del día.

En el frontón de Abárzuza, estaba situado el primer control de avituallamiento líquido y sólido. Los primeros cicloturistas apenas pararon, el resto se tomó la cosa con más calma y aprovechó para cambiarse de indumentaria y entrar en calor. José María Ros Antona, alcalde de Abárzuza acudió a recibir a los cicloturistas y recibió un recuerdo conmemorativo.

Con la energía renovada y la ropa seca, los cicloturistas continuaron camino hacia Laguardia donde está situado el segundo control de avituallamiento, pero su discurrir no fue sencillo. El frio pasó factura y la lluvia se resistía abandonar la ruta añadiendo un punto más de incomodidad a la marcha.

La sede de Bodegas Primicia en la Villa riojano – alavesa (km. 196) , fue el lugar señalado para reponer fuerzas de nuevo. En grupos pequeños y muy espaciados llegaron los ciclodeportistas. Aquí el receso se hizo más prolongado. Las fuerzas estaban justas, los cuerpos muy machacados y todavía quedaba lo más duro. Recuperar energías y sobre todo sensaciones se convirtió en una cuestión de primer orden.

Tras 6 kilómetros de llano y entre viñedos, llegó el temido giro a la derecha y allí estaba él, desafiante y prepotente: “El Alto de Herrera”: 6 kilómetros a un porcentaje medio del 8,6%. Las primeras rampas son las más costosas si bien, cuando uno cree que lo ha superado, surge un último muro final al 14% que recuerda a los cicloturistas ante quien se están enfrentando. En la cumbre de entre la niebla surgió un último control de avituallamiento líquido y fruta. La parada fue casi obligatoria.

Esta cumbre marca el límite natural y geográfico entre La Rioja y Álava, y marca el límite deportivo entre quien va a terminar la prueba o se va a quedar en el camino. Desde aquí solo resta la tachuela, convertida por la circunstancias en un coloso alpino, del Alto de Zaldiaran.

Los frontones de Mendizorroza, recibieron a los supervivientes. 250 kilómetros, 62.000 pedaladas y unas cuantas horas después, se llegó al punto de partida, pero en este caso era el final. Vitoria – Gasteiz, permaneció impertérrita, acogió la llegada de los cicloturistas como los despidió con lluvia y 11 º centígrados.

La recompensa material, por llegar hasta aquí: una reconfortante ducha, un agradable avituallamiento, una botella de rioja, productos de higiene personal y una prenda ciclista. La recompensa deportiva queda en la memoria y en el corazón de cada participante.

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