La belleza de la Irati Xtreme

Posted on junio 21, 2013

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Pedro Ceinos Alonso

De entre todas las marchas cicloturistas del calendario destaca, tanto por la belleza de sus paisajes como por la dureza de su recorrido, “la Irati Xtrem”. Otra de sus principales características es la perfecta combinación entre competitividad y cicloturismo. En “la Irati Xtrem” tienen cabida todos los participantes, y es que, a pesar de que no se computan las clasificaciones generales de todo el recorrido, los cicloturistas tienen la posibilidad de medir sus fuerzas en la cronoescalada al terrorífico puerto de Larrau.

La dureza marca esta prueba cicloturista (Foto: Pedro Ceinos).

La dureza marca esta prueba cicloturista (Foto: Pedro Ceinos).

El recorrido comienza en Ochagavía para rodear una de las zonas más salvajes de Europa: la selva de Irati. Los primeros kilómetros son el aperitivo de lo que nos vamos a encontrar a lo largo de los 128 kilómetros de los que consta la prueba. Tres puertos de tercera categoría que, a los aficionados al ciclismo profesional, harán echar la vista atrás y rememorar la famosa etapa de Pamplona del Tour de 1996 (y no será el único recuerdo a aquella etapa). Sin embargo, eso es tan solo el inicio, y son, probablemente, los kilómetros más llevaderos.

El primer punto caliente de la marcha llega con una subida hormigonada de fuertes pendientes que nos lleva hasta la fábrica de armas de Orbaizeta. Las pendientes de “El muro” (como se hace llamar esta explosiva ascensión) son muy violentas y el asfalto, de hormigón rayado, no ayuda en exceso a que la ascensión sea más cómoda.

Una vez superado el muro, la marcha entra su fase más “xtrem”. La ascensión al col de Azpegi/Organbide es corta y dura. Desde su cima existe la posibilidad de disfrutar de las espectaculares vistas al valle de Osseès, recuperarse del esfuerzo y prepararse para una bajada de órdago (tanto por el estado del asfalto, la estrechez de la carretera como las fuertes pendientes) que llevará al pelotón hasta la source de la Nive.

Nada más finalizar el descenso, sin tiempo para tomarse un respiro, curva de 180 grados, y la primera rampa del 17% que da la bienvenida a los más osados. Es el principio de la ascensión al col de Artaburu, que se enlazará con la extensión a Errozate formando un coloso con unos números que asustan: 10 kilómetros al 9,67%. El pelotón asciende por una carretera estrecha con fuertes pendientes y varias curvas en herradura que, si se saben aprovechar, pueden ser el punto perfecto para tomarse un pequeño respiro. La rampa final del col de Artaburu, en un escenario majestuoso, es una agonía constante al 18% que da paso a la prolongación de Errozate.

La Irati Xtrem está ya en su salsa, en el corazón de un entorno en el que merece la pena perderse y disfrutarlo una y otra vez. La carretera, una trampa dulcificada por la sensación de estar rodando en un paraíso para las dos ruedas, sigue su curso recorriendo el collado de Surzai hasta llegar a Chalet Pedro. A partir de ahí comienza la ascensión a la parte final del col de Iraty (o Bagargi); un puerto que ya sea viniendo de donde se viene en la Irati Xtrem o por el collado de Burdingurutzeta, siempre pilla a desmano y hace daño.

A partir de su aquí: la traca final. El descenso del col de Bagargi, empinadísimo y que obliga a clavar los frenos constantemente nos trae a la memoria otro recuerdo del ciclismo profesional. En el año 2003, el estadounidense Tyler Hamilton logró un prestigioso triunfo en el Tour de Francia, cimentando su victoria en la ascensión a éste col de Bagargi (que también será ascendido en la Orbea Pax Avant).

Poco se puede decir con imágenes como esta (Foto: Pedro Ceinos).

Poco se puede decir con imágenes como esta (Foto: Pedro Ceinos).

En este punto de la prueba ya se llevan superados más de 2.500 metros de desnivel (¡y con unos porcentajes altísimos!) y las piernas necesitan descanso, pero la verdadera prueba de fuego de la Irati Xtrem está por llegar: la cronosubida a Larrau. La ascensión, con 12,8 kilómetros al 7,5% de pendiente media (NOTA: el col de Larrau desde el albergue de Laugibar cuenta con 3 kilómetros más al 9% de pendiente media) obliga a los cicloturistas a un esfuerzo agónico. A la altura de la aduana se inicia la ascensión, y a la altura de la aduana es, precisamente, el lugar que elige la mayoría para tomarse un pequeño respiro y reflexionar antes de enfrentarse al rey de los Pirineos. Los hay que aprovechan para realizar estiramientos, quienes simplemente dejan la mente en blanco o quienes entran en estado de trance. El objetivo es olvidar lo recorrido y dejar hasta el último gramo de fuerza en las rampas de Larrau.

Larrau cuenta con 7 primeros kilómetros muy constantes, situando la pendiente media por encima del 10% hasta que se corona el col de Erroymendi, justo después de la rampa más dura de toda la subida (16%). Llegado a este punto, la Irati Xtrem parece, literalmente, el rosario de la aurora. Una cascada interminable de corredores que pelean contra la gravedad, pero, sobre todo, contra ellos mismos. En los agónicos kilómetros finales, la Irati Xtrem se convierte en una batalla psicológica. Cada 50 metros los chepazos, jadeos, gestos de esfuerzo o amagos de calambres son constantes. No hay tiempo para descansar, porque ni siquiera el “descansillo” a falta de 4 kilómetros permite un momento de relajación. Es más, suele ser entonces, cuando se corta el ritmo de la subida y se cambia el desarrollo de la bicicleta, cuando aparecen los temidos calambres. Y así, te encuentras con escenas de todo tipo. Cicloturistas que se resisten a poner pie a tierra, otros que explotan al haber sobrepasado su umbral de sufrimiento kilómetros atrás, otros a quienes les tiemblan los brazos a falta de 100 metros para la cima y hablan en voz alta u otros que piden perdón por haber tenido que poner pie a tierra. En el port de Larrau, bajo la vigilancia del pico Orhi, todos los caminos llevan al mismo destino. Cada cicloturista es una historia, y cada historia un reto en el que no existen ni mejores ni peores, porque nadie es inmune al sufrimiento de la dureza de esta exigente maratón de puertos.

El último kilómetro, al 10% en un precioso zigzag (cuando las nubes permiten disfrutar de la belleza del paisaje), mezcla sensaciones opuestas. Por un lado las ganas de terminar de sufrir y, por otro, el sentimiento de que la Irati Xtrem se acaba. Es un sentimiento hasta cierto punto masoca, porque después de sufrir lo indecible, después de superar más de 3600 metros de desnivel, kilómetros enteros al 11%, rampas de hasta el 21%, cruzar carreteras que parecen haber sido diseñadas por el diablo o lanzarte por bajadas vertiginosas, el deseo que prima sobre el resto es el de volver el año siguiente.

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