La Vuelta sólo ha necesitado dos días para reforzar su identidad

Posted on agosto 25, 2013

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Enrique Delgado Sanz@Delsanz

La temporada empieza a ponerse seria con el Giro, este año incluso más duro que habitualmente. Después llega el Tour, donde las sorpresas quedaron para otras ediciones. Y ahora es el momento de la Vuelta, que en sólo dos etapas ha cumplido con lo prometido.

La primera contrarreloj, por equipos –¡cómo no!– advirtió lo que se nos venía encima. Nibali comenzó como lo hizo en el Giro, arrollando. Esperemos, por el bien de los nuestros, que el Tiburón no camine todo lo fino que anduvo en primavera. La locomotora kazaja en la que se convirtieron sus huestes cuando rodaron al unísono destrozó el cronómetro en meta generando mayores diferencias de las esperadas que se incrementaron en la segunda entrega del curso ciclístico nacional, cuando dos presuntos capitanes generales –sí, sólo presuntos porque ya es un hecho que Henao se desinfla en las grandes Vueltas y porque Samuel Sánchez sigue pagando la hipoteca que firmó cuando aposto, sin éxito, toda su temporada al rosa del Giro- se despidieron de la Vuelta.

Las alternativas son múltiples y salvo las ya citadas y hundidas, el resto siguen en pie. Valverde y Purito tendrán que derrocar a Nibali como grandes aspirantes, pero no hay que olvidar el papel que pueden jugar hombres como Majka, Kruziger, Urán, Santaromita, Nieve, Arroyo, Pinot, Horner, Mollema o Dan Martin, que como se animen a plantear una guerra sin cuartel a la terna de favoritos pueden hacer de esta Vuelta la ronda más intensa de toda la temporada.

No ha necesitado mucho la Vuelta para gustar.

No ha necesitado mucho la Vuelta para gustar.

La leyenda cuenta que por la Vuelta sólo pasan figuras de segunda fila, jóvenes o grandes estrellas desconectadas con la vista puesta en el Mundial, pero la realidad es bien distinta. No viene Froome, pero viene Nibali -probablemente el único ciclista que está ahora mismo a su nivel-. No acude Evans, pero tampoco se le espera. Falta Quintana, sustituido por Urán y Betancur. Valverde y Purito repiten sus encuentros en el Tour a falta de Contador, que prefirió mirar a la temporada que viene. Mollema y Ten Dam no han querido perdérselo y no han venido de paseo. Y además, un Pinot sin miedo –o eso dice-, un Horner con el mismo pelo que siempre pero con más voluntad y las legiones del Caja Rural y Netapp, peleonas a más no poder dejándose ver. Superlativo cartel, que además se ha mostrado mucho más voluntarioso y con ganas de endurecer la carrera desde el primer final en alto. Es de valientes sacar los cuchillos en la segunda etapa y aquí siempre se dan cita unos cuantos.

Dos etapas y dos favoritos menos. Dos etapas y una llegada en alto –algo que muy pocos organizadores se atreven a proponer pero que encanta al respetable-. Dos etapas y muchas alternativas. Dos etapas y diez llegadas en aún alto en el horizonte. Dos etapas y multitud de ciclistas hambrientos. Dos etapas y un público entregado. Al fin y al cabo, dos etapas y todas las señas de la identidad de la Vuelta intactas. Emoción, carácter, batalla y valentía.

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