Antón por fin en casa

Posted on octubre 15, 2013

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Bilbao se llenó para ver ganar a uno de los suyos

Bilbao se llenó para ver ganar a uno de los suyos

Gabriel Álvarez- @gabialv91

“Puedo retirarme ahora mismo” decía Igor Antón tras bajarse de la bicicleta después de correr y ganar una etapa de la Vuelta a España, claro que no era una etapa cualquiera. “Ha sido la victoria más bonita de nuestra historia” clamaba lleno de orgullo Gorka Gerrikagoitia.

Imaginaos todo lo que perdemos con la desaparición de 20 años de historia en un equipo ciclista, parece una eternidad y muchos no recordamos el ciclismo sin el característico maillot de Euskaltel. Pues bien, si dos decenas de años nos parece casi infinito, imaginaos tres y otros tres años de bonificación, pues exactamente 33 años hacía que la Vuelta a España no pasaba por el País Vasco, hasta aquella etapa, en 2011, con llegada en Bilbao.

Esta vez la marea naranja no tenía que coger el coche, ni la marea naranja ni los aficionados vascos (y todo lo que representan para el ciclismo mundial). La carrera pasaría por delante de sus casas, subiría las cotas donde muchos de ellos se dieron cuenta de que no podrían ser ciclistas profesionales y verían a sus vecinos pasar como motos dándole un color más al, ya de por sí pintoresco, pelotón.

Igor Antón había llegado 20 días antes a la Vuelta con intención de ganarla, pero simplemente no llevó las piernas para tal tarea. El año anterior sí las había metido en la maleta, pero una desgraciada caída le privó de la lucha cuando, digámoslo claro, era el máximo favorito a vestirse de rojo. Muy pronto se vio que sus objetivos tendrían que cambiar a lo largo de la carrera.

anton bilbao 2011

En la marea naranja aquel día uno de sus miembros pedaleaba para ganar

Suponemos que en el libro de ruta de Euskaltel las hojas de la etapa 19 estaban más que arrugadas, por ello el equipo metía hombres en todas y cada una de las fugas y de los cortes que se producían. El calor era abrasador, los termómetros de Bilbao marcaban 40º y la barrera de los miles de aficionados jaleando a los corredores subiría la sensación térmica a algo parecido a estar dentro de un horno.

La fuga buena, la tercera fuga buena del día fue la formada por Bruseghin, Dyachenko y los locales Gorka Verdugo e Igor Antón. Como se llevaba mucho tiempo sin pasar por el País Vasco, la etapa había dado dos tazas, dos pasos por Bilbao y otras dos subidas a El Vivero. En la primera el cuarteto tenía tres minutos, en la segunda Verdugo pinchaba y el terceto subía con 1.45, las matemáticas no aseguraban la victoria.

No sabemos si fue conocer la carretera, conocer a más de una de las caras que lo estaban animando, o sí es verdad eso de que una pintada con tu nombre es como un turbo y Antón fue de turbo en turbo, pero el caso es que las piernas del corredor vasco dejaron a sus dos perseguidores a medio minuto en el alto del puerto y quedaba una contrarreloj hasta casa, digo Bilbao, digo casa.

Las carreteras se las sabía de memoria, mucho entrenamiento, pero esta vez no tenía que preocuparse del tráfico, estaba cerrado para su paseo triunfal. Igor Antón entraba en Bilbao, de la mano de su coche de equipo, enseñando el maillot de su equipo, el mismo equipo que con esa victoria cerraba un año mágico con victoria en las tres grandes.

Nada volvió a ser igual en Bilbao desde aquel día, un día que Igor Antón nunca olvidará y que quedó grabado en la historia del equipo, el mismo equipo que ya no existe.

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