El declive de Il Pirata

Posted on febrero 14, 2014

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El último ataque de Marco Pantani durante la ascensión a Toce Formazza en el Giro de Italia 2003 (Reuters).

Nacho Barranco Frías – @n_barranco

Fue un catorce de febrero. El día en que Marco Pantani, envuelto en una espiral de drogas y depresión, decidía quitarse la vida cuando tan solo contaba con 34 añosIl Pirata se marchaba tal y como había desarrollado su carrera ciclista, en solitario. Dejaba atrás una carrera deportiva sin igual y, lo que es más importante, una religión ciclística en la que él había sido Padre, Hijo y Espíritu Santo. Una religión que, vamos a dejarlo claro, comenzó a inclinarse por el ateísmo aquel seis de junio de 1999, cuando Pantani comenzó una decadencia que le acabaría llevando a la muerte.

Como muchos otros grandes deportistas, Marco Pantani no supo administrar la gloria. Tampoco el fracaso. Cuando fue descalificado del Giro de Italia 1999 en Madonna di Campiglio por unos valores elevados de hematocrito la vida cambio para él. Venía de un apoteósico doblete Giro-Tour en 1998 y su objetivo era revalidarlo. Ese Giro de 1999, en el que venció cuatro etapas y arrasó en la montaña, lo tenía hecho. Pero cuando tan solo restaban dos etapas para enfundarse su segunda maglia rosa ocurrió lo que ya hemos contado. Descalificación y depresión.

Desde entonces Il Pirata se dejo llevar. Seguía atacando, sí. Seguía encandilando a los espectadores, también. Pero ya no era un ganador, su cabeza estaba en otra parte. La cocaína había comenzado a hacer mella en su débil mentalidad y en los años posteriores el italiano solo encontró dos momentos de lucidez ciclista. Fue en el Tour de Francia del año 2000, el segundo de Armstrong. Allí Marco Pantani brilló como lo había hecho hasta lo ocurrido en Madonna di Campiglio. Dos victorias de etapa en dos cumbres con nombre propio: Mont Ventoux y Courchevel.

Y se acabó la magia. Pantani se refugió en sus victorias, en las drogas y en el pasado. Sus apariciones -si suprimimos aquellas en las que se arrastraba por la carretera- a partir de 2001 se limitaron a su amado Giro de Italia. Pero ya no era el de antes y, superado por los rivales pero sobre todo por sí mismo, el de Cesena solo consiguió acabar una edición más, la de 2003 en una discreta decimocuarta posición.

Unos meses después y tras acentuarse su depresión, Marco Pantani fallecía. El suicidio o la sobredosis de cocaína son las dos hipótesis de la muerte, pero el causante real estaba en su mente. Algunos hablan de que no pudo soportar la ausencia de gloria encima de la bicicleta. Otros de que el detonante fue la separación de su pareja. Muchas explicaciones para una tragedia que se llevó al mayor mito ciclista de las últimas décadas. Ejemplo, eso sí, de un ciclismo que esperemos nunca vuelva.

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