Breve manual para el récord de la hora

Posted on febrero 20, 2014

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Enrique Delgado Sanz – @Delsanz

Desgrange, el padre de la criatura.

Desgrange, el padre de la criatura.

Los libros de historia citan a Henri Desgrange como creador, fundador y director del Tour de Francia, el mejor monumento al ciclismo de todos los tiempos –o eso dice el paso del tiempo-. Sin embargo, pocos se acuerdan que años antes de que el Tour fuera bautizado en 1903, más concretamente en 1893, el genio francés grabó su nombre en el libro de los récords como el ciclista que más distancia había recorrido por entonces en una hora. Evidentemente no lo hizo andando.

Aquella locura del visionario Desgrange fue tomando cuerpo año tras año y en 1903 ya era una prueba clásica codiciada por muchos ciclistas que, en los primeros años del siglo XX también eran zapateros, carpinteros o libreros. Los 35 kilómetros y 325 metros de Desgrange pronto se quedaron cortos para Dubois, Van den Eynde y Hamilton, quienes poco a poco subieron el listón hasta los 40 kilómetros y 781 metros.

Los periódicos, grandes mecenas del ciclismo de la época, no querían perderse ni un detalle de lo que ocurría en esta prueba que ya empezaba a resonar en los corrillos ciclistas como el récord de la hora, competición que poco a poco y hasta 1914 se apuntaron desconocidos para los más nuevos del lugar como Petit- Breton, Berthet o Egg. Bueno, de desconocidos nada, al menos Petit-Breton, que para algo ganó en dos ocasiones el Tour de Francia, además de la París-Tours o la Milán-San Remo.

Berthet en su montura.

Berthet en su montura.

Pero detengámonos en este punto en el que la historia les guardó un hueco a Marcel Berthet y a Oscar Egg, perfectos desconocidos para la mayoría pero protagonistas de uno de los mejores duelos ciclistas de todos los tiempos.

Quizá su relación no fue la mejor. No sabemos si Berthet le quitó la novia a Egg, fue al revés o si en realidad esta afirmación carece de fundamento. Entre ambos se arrebataron el récord de la hora en seis ocasiones. Una delicia.

Llegó la I Guerra Mundial y el récord de la hora se diluyó en el imaginario colectivo. Las primeras bicicletas de diseño hicieron acto de presencia pero hombres como Anquetil, Coppi o Ritter consiguieron inscribir su nombre en la historia antes de que el Caníbal, también conocido como Eddy Merckx, se calzara una chichonera y la típica bicicleta que tuvieron nuestros abuelos para asombrar en Aguascalientes y dejar el récord en 49,431 metros.

La marca del mejor ciclista de todos los tiempos no sería superada, en igualdad de condiciones, hasta el año 2000 por el británico Chris Boardman, que subió la dificultad hasta los 49,441 kilómetros; distancia escasa para los 49,700 de un desconocido Ondrej Sosenka, quien hasta la fecha posee el récord.

Entre Merckx y Sosenka quedaron aquellas bicicletas de formas inverosímiles, con ruedas monstruosas enfrentadas a otras diminutas, la Espada de Indurain, Moser y sus polémicos récords. Ellos lo consiguieron pero en otra categoría paralela construida por la UCI, denominada de “mejor esfuerzo humano”, que satisfacía a los campeones de cada época y además, le confería más valor al récord de Merckx: fácil de devorar en bicicletas altamente tecnológicas y cascos aerodinámicos, pero casi insuperable en bicicletas convencionales y con chichoneras.

El siguiente capítulo de esta historia queda en manos de Cancellara y, quien sabe, si Wiggins, Tony Martin y compañía. Esperen unos años y reescribiremos esta historia.

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