La historia de Berthet y Egg

Posted on febrero 22, 2014

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Enrique Delgado Sanz – @Delsanz

Quizá su relación no fue la mejor. No sabemos si Berthet le quitó la novia a Egg, fue al revés o si en realidad esta afirmación carece de fundamento. Lo que sí es cierto es que ambos se alternaron la monarquía del récord de la hora cuando el siglo XX aún andaba en pañales en preciosas batallas contra el reloj con el orgullo en juego en un velódromo parisino.

La historia que mantuvieron Berthet y Egg, valga la redundancia, fue otra historia. Quizá un aficionado contemporáneo no la comprenda tras acostumbrarse al ciclismo de matemática, aerodinámica, platos ovalados y túneles de viento pero quizá de aquí a unos años recuerde a una hipotética rivalidad entre Cancellara, Tony Martin o Wiggins.

Berthet en su montura.

Berthet en su montura.

Pero a lo que vamos, no nos desviemos. La imagen es la siguiente: Año 1907, París, y un refinado caballero francés de 25 años llamado Marcel Berthet coge con fuerza su bicicleta, con la que había pasado más tiempo que con su mujer, para dar vueltas a un velódromo, el de París por supuesto, para sellar su nombre con tinta negra en los periódicos como el individuo que más kilómetros iba a ser capaz de recorrer sobre su montura en una hora.

La bicicleta no era gran cosa. De hecho eran cuatro hierros en forma de cuadro y dos girones de caucho en para las ruedas, lo normal para la época. Tras varias vueltas Berthet logró su objetivo: colocar su foto en los periódicos de la mañana siguiente y además, de regalo, situar el récord de la hora en los 41,520 kilómetros. Quién se lo iba a decir a Henri Desgrange , primer recordman de la prueba –y quizá también les suene por esto otro– cuando en 1893 dejó el listón en 35,325 kilómetros.

“Esto ha sido muy duro”, comentaba Berthet a los periodistas que le atosigaban a pie de pista, para acto seguido afirmar con rotundidad que “si alguien logra batir este récord”, él no volvería para recuperarlo. Aún no sabía que se estaba engañando a sí mismo.

Óscar Egg en el velódromo.

Óscar Egg en el velódromo.

Cinco años de vino y rosas para Berthet se tornaron en sorpresa cuando un joven suizo de 22 años llamado Oscar Egg se adueñó del récord añadiendo casi 600 metros a la marca del monsieur. Ya estábamos en 42,122 kilómetros y el mago francés tenía herido el orgullo y dinero para enmendar la plana.

Estamos hablando de 1912 pero sin duda, el año por excelencia de este duelo sería 1913 y el mes, agosto. El récord estaba en manos de Egg pero un 7 de agosto Berthet recuperó su honor mientras el imberbe suizo presenciaba su machada desde la grada. Lejos de amilanarse, Egg probó suerte el día 21 de ese mismo mes y, para sorpresa de todos se volvió a llevar el récord, que se situaba por entonces en 43,525 kilómetros, a casa.

Egg invadió los pensamientos de Berthet de forma tan inminente como la Gran Guerra invadiría Europa unos meses después. El francés estaba obsesionado, muy obsesionado. Pero tenía dinero, que por entonces –quizá ahora también- servía para comprarlo todo.

No. Algunos pensaréis que Berthet intentó sobornar a los jueces árbitros para que en las mediciones posteriores restasen varios cientos de metros a aquel atrevido suizo, pero no. Berthet prefirió tomar otro camino, el de la tecnología.

El francés se recorrió medio mundo hablando con mercaderes –no fenicios sino italianos– para encontrar piezas más ligeras para su bicicleta. Ruedas más finas, tubulares especiales, un cuadro por encargo… Todo valía para destronar a Egg. Y efectivamente lo logró en la jornada del 21 de septiembre (1913) para estupor del respetable. 43,775 kilómetros completaron en una hora y sobre una bicicleta Berthet y su dinero.

El 28 de julio la I Guerra Mundial comenzó a oscurecer el mundo pero un mes antes, el 18 de junio de 1914, Egg se sacó su último as del maillot y volvió a fulminar el récord de su némesis dejando la marca en 44,247 kilómetros. A partir de ahí sólo queda la Gran Guerra y la obsesión de Berthet porque de Egg nada más se supo -y eso que no murió en la guerra-.

La bicicleta aerodinámica de Berthet.

La bicicleta aerodinámica de Berthet.

Con Europa destrozada y sumida en una profunda crisis, el maestro francés, que en 1933 ya tenía 45 años, no desesperó y volvió a la carga yendo un paso más allá. Mandó construir una bicicleta totalmente aerodinámica que le llevó a recorrer 49,922 kilómetros, una distancia monstruosa para la época. La marca no fue aceptada por la UCI para la clasificación tradicional del récord de la hora pero sí fue la primera en la clasificación de vehículos modificados (IHPVA). Algo evidente si comparamos la bicicleta que empleó Berthet con las habituales para estas lides.

De este modo Egg fue el ganador moral pero seguramente Berthet se fue a dormir tranquilo aquella noche de 1933. Tenía “su récord”.

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